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autor Escrito por princessdy
Diputado local
martes 28 de octubre de 2014 00:43

UN AMOR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE...

JOSÉ MA. LAFRAGUA Y DOLORES ESCALANTE... UN AMOR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

 

LLEGABA YA AL ALTAR, FELIZ ESPOSA, AHÍ LA HIRIÓ LA MUERTE, AQUÍ REPOSA, reza un hermoso epitafio en una tumba del Panteón de San Fernando, en la Ciudad de México. 

 

Esta tumba resguarda los restos de una mujer que en vida llevó el nombre de Dolores Escalante, cuya historia trágica y dolorosa, ahora desemboca en una de las leyendas más conocidas de dicho panteón, ya que se dice, que por las noches ella sale de su tumba a vagar por los jardines de San Fernando.

 

UN POCO DE HISTORIA

 

El licenciado José María Lafragua conoció en Puebla en 1834 a Lola Escalante, hermosa mujer; tenía entonces 14 años; era hija de don José María Escalante y Francisca Fernández. Lafragua era estudiante de leyes en Puebla. Su familia no era adinerada. Lola le causó una gran impresión, lo embrujó mejor dicho. A partir del momento en que lo conoció habría de ser su esclavo para siempre. Lola tenía novio, amigo de José María.

 

No obstante José María la convenció de casarse con él, luego de cinco años de grandes esfuerzos para convencerla a ella y a su estirada familia. Por fin se fijó la boda para agosto de 1839 en Puebla. Pero ocurrió que murió la madre de Lafragua, y la boda se pospuso. Después de un viaje a la ciudad de México, Lafragua decidió terminar la relación con Lola en 1840.

 

Vivió en la gran ciudad, pobre y solo, alimentando la ilusión, restañando la herida abierta resistente a restañarse con la medicina prescindible que es el tiempo. Seguía José María amando a Lola Escalante, ahora engrandecida por la distancia.

 

Pero algo ocurrió en forma inesperada la familia Escalante acordó desplazarse de Puebla a la ciudad de México, al quedar arruinada por malos negocios del jefe de familia, don José María Escalante.

 

Lafragua, con el corazón adolorido, huye de Lola. Pero en abril de 1841, Lola Escalante celebró su onomástico en su casa del Pino, en la Rivera de San Cosme. Lafragua fue invitado; llegó a la casa faltándole el aire. Rehuía a Lola, celoso de cuanto galán se le acercaba. Lola simulaba no advertir su presencia, al fin, Lola y José María volvieron a reanudar su relación con el ánimo de enfilarse a la boda.

 

José María Lafragua era muy pobre, le asustaba la idea de arrastrar a Lola a una vida de carencias, "ella tan habituada a los lujos de la buena sociedad poblana". La pareja acordó esperar, sirviéndose del tiempo para conocerse mejor. José María descubrió en Lola a una mujer virtuosa, discreta e inteligente, y su amor creció.

 

En 1842, Lafragua empezó su brillante carrera política. Es nombrado Consejero de Estado y luego diputado. El vértigo de su actividad le hizo frecuentar menos a Lola. Lola fue asediada por un joven galán, apuesto y rico. Lola Escalante duda. Lafragua enferma de celos.

 

Don José María, padre de Lola, ve con buenos ojos al pretendiente de la hija, retoño de un compadre suyo al que lo ligaba sincero afecto. Tenía el nuevo enamorado una gran traba: estaba enfermo seriamente del corazón.

 

Lola Escalante consulta a obispos y presbíteros sobre su obligación de conciencia hacia el enfermo; le responden: -Usted, moralmente, no tiene ninguna obligación de conciencia. No conforme, Lola pide consejo a su confesor, Fray José Manuel de Jesús, a quien confiesa su amor por Lafragua. El confesor le exige que rompa inmediatamente con el enfermo. Lola lo obedeció, y las puertas de la gloria se abrieron para el triunfante abogado que se afilió a la causa juarista.

 

Lafragua trabajó en Querétaro para lograr la paz entre México y Estados Unidos, luego de la desigual guerra de 1847, por la cual el país perdió más de la mitad de su territorio.

 

Lola dice a José María que ha roto su compromiso con el enfermo del corazón. Pero Lafragua duda. Lola, echándole el peso de sus hermosos ojos, lo convence y, por fin, se fija la boda para el 2 de agosto de 1850.

 

Entonces se produjo una epidemia de tifo en la ciudad de México. Corría el mes de junio de 1850.

Dicha epidemia de tifo habría de extenderse por todo el país. Llegó a Culiacán un año después; es decir, en 1851. Murieron dos mil personas, entre ellas el gobernador del estado, José María Gaxiola, y el cura don Antonio Fernández Rojo. La ciudad se quedó sin gobierno civil ni eclesiástico, fue entonces cuando acudió el mando el vecino llamado Antonio Eraclio Núñez, que se erigió en la mayor autoridad y encabezó al grupo de valientes que se enfrentó a la espantosa epidemia de tifo.

 

El 23 de junio de 1850, Lafragua fue informado de que Dolores Escalante había enfermado de tifo. Corre a la casa de la novia, pero halló a la muchacha sonriente y serena. Al entrar la madre de Lola, doña Panchita Fernández, le dice a la hija: -Ya está aquí Lafragua, que viene a cerrarle los ojos.

 

Fue una broma terriblemente trágica. Pero creía que el mal no era de importancia. Fue una broma pesada, dicha sin meditarlo mucho.

 

Lola resistió el ataque asistida por un buen médico. Pareció recuperarse, Lafragua no se despegó de la cabecera de la cama. Estuvo pendiente de todo. Pero a las cinco de la mañana del día siguiente la muchacha delira y palidece aún más. De pronto perdió el habla y, luego sin mayor preámbulo, se inicia la agonía frente a la desesperación de la familia, del enamorado y del médico. Lola murió, y Lafragua, haciendo bueno el vaticinio de la madre, le cerró los ojos; eran las siete menos cinco minutos de la mañana del 24 de junio de 1850.

 

El cadáver de Lola fue colocado en una caja de plomo, y luego en una de madera y el 29 de junio por la noche fue sepultada en un nicho del panteón de San Fernando.

 

Lafragua enfermó. En su estado deliró sobre la inmensa pérdida en un tiempo tan corto. Se decía a sí mismo: -Estoy solo: solo para siempre.

 

E hizo voto de fidelidad a la muerta. Un año después, en 1851, encargó a la casa Tangassi Hermanos en Roma la construcción de un gran sepulcro como el de Julieta en Verona.

 

Dos años después llegó a Veracruz el barco con el gran sepulcro en mármol de Carrara. Lo trae Luis Tangassi, que en unión del lapizario Phillibert y del propio Lafragua arma el sepulcro en el cementerio de San Fernando, tal como está hoy, resistiendo el tiempo, resistiendo la lluvia, el sol, el abandono.

 

El 22 de junio de 1853, Dolores Escalante es cambiada del nicho el nuevo sepulcro regio costeado por el novio, esposo frustrado, ya en plena gloria como funcionario.

 

Fue criticado Lafragua por usar aquello de "esposa": Dolores Escalante no fue esposa, fue prometida. Lafragua repeló, molesto: -No era mi esposa, porque no nos habíamos casado. Pero cuando ella murió era mi prometida, mi verdadera esposa.

 

También no faltó alguien que echara la habilidad de lo ostentoso del sepulcro, Lafragua respondió: -Los verdaderos placeres son los del corazón. Cuando ya ni ellos ni yo vivamos, cuando no haya ni aún memoria de ellos ni de mí, el sepulcro de Dolores Escalante estará en pie, y el nombre de mi esposa vivirá, y no se perderá la huella de su tránsito por la tierra.

 

Lafragua a la muerte de la amada viste de luto, siempre triste, siempre silencioso. Nunca se casó.

 

En los 25 años que sobrevivió a Lola, Lafragua se encerraba a orar justo en la hora que murió Lola llorando frente a una pintura de la difunta.

 

Lafragua fue ministro de Naciones, y fue el primero en ver el cadáver del presidente Benito Juárez, además del Dr. Ignacio Alvarado: Lerdo de Tejada le confirmó en el puesto en el que se mantuvo hasta el 15 de noviembre de 1875, día de su muerte.

 

El panteón de San Fernando fue clausurado por las leyes de Reforma de Juárez, y Lafragua fue sepultado en el panteón del Tepeyac.

 

Trece años después de su muerte, los parientes sobrevivientes de Dolores Escalante acordaron llevar sus restos al lado de su amada.


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Hay 6 respuestas al foro

1
autor blablablabla el 28/oct, 2014 10:53 Gobernador

@princessdy » me gusto bastante, gracias por compartir.

saludos.



2
autor Lagunerohastalamuert el 28/oct, 2014 11:48 Diputado local

@princessdy » Su Alteza, muchas gracias por compartir esta historia.  Muy triste, pero que forma parte del legado histórico y romántico de nuestra nación.

Un saludo.

LHLM.

La ignorancia es el origen de todos los males (y del obradorismo junto con todas las corrientes de izquierda).



3
autor princessdy el 28/oct, 2014 14:03 Diputado local

@Lagunerohastalamuert » Mi estimado!!! qué gusto!! Gracias @blablablabla Smile




Hasta que la muerte los separe...

4
autor camarada06 el 28/oct, 2014 14:07 Gobernador

@princessdy » Dolores Escalante tenia talento para la literatura, y a pregunta expresa de Jose Maria Lafragua que se dedicara a escribir algo mas que cartas, ella respondio: "Yo no se mas que amarte; pero nunca he dejado de comprender ni de sentir lo que tu has querido que comprenda y que sienta; porque para eso no he necesitado de talento: te he comprendido con el corazon".

La tarde se acerca despacio, casi temerosa, al anochecer. El encuentro se puebla de sombras, de claroscuros que poco a poco se adueñan del cielo. Mientras el horizonte cambia de intensidad su luz, las pisadas de Dolores remueven suavemente la hojarasca. Los que la han visto dicen que semeja a una aparición, con su largo vestido, vaporoso. Otros cuentan que sus pies no tocan es suelo, pero mas de uno suspira al recordar el rechinido apenas perceptible del pasto que se dobla bajo sus tenues pisadas…Si, cada uno dice lo que ve o lo que siente el corazón cuando la noche se apodera de la ciudad, sobre del panteón de San Fernando, y la miran caminar sobre las tumbas del cementerio, detenerse ante las lapidas, leerlas y entornar los ojos como recordando, como esperando…


Dicen que cuando José María Lafragua fue presentado a la señorita Dolores Escalante, ya no pudo apartarla de sus pensamientos.  Los versos y las flores llenaban largas tardes de visita en la casa de ella. José María brindaba a su amada intensas miradas acompañadas de palabras dulces, tomaba entre sus manos las de ella y las besaba mil veces, cuidándose siempre de las miradas ocultas tras las cortinas que pendían de las puertas de las puertas de madera y los vidrios biselados que separaban la sala del comedor.


¡Que tardes tan plenas en las que los enamorados podían paseas por la alameda central¡ Dolores, del brazo de el, le regalaba sonrisas, tirrenas miradas y palabras tímidas que dejaban asomar el gran amor que el le inspiraba. José María, en cambio, se sentía orgulloso de llevar del brazo a una dama tan joven, tan bella,... 

Los ojos del MAU



Excelente aportación

5
autor princessdy el 28/oct, 2014 14:10 Diputado local

@camarada06 » Gracias por tan bella aportación al tema mi estimado Wink




6
autor paty14 el 30/oct, 2014 11:56 Diputado local

@princessdy » 

Bonita y triste historia la que nos traes…Saludos.

La marcha nupcial, empero, se toparía con un último obstáculo: el Panteón de San Fernando, con su imponente sepulcro elaborado en Italia por la Casa Tangassi Hermanos, en estricto mármol de Carrara y piedra de Chiluca, cercado por un barandal de fierro apresado por cuatro columnas de bronce, había sido clausurado el 23 de julio de 1872, por motivos de salud pública…
…lo que obligó a sepultar el cadáver en el panteón del Tepeyac.
Trece años después, sin embargo, la familia de Lola encontraría al fin una rendija legal: la posibilidad de que el gobierno patrocinara, a la vera del de San Fernando, alguna vez el más célebre y lujoso de la ciudad de México, un Panteón Nacional en resguardo de los restos de mexicanos que construyeron la historia.
Y José María Lafragua, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, director de la Biblioteca Nacional, Ministro de Relaciones Exteriores, tenía méritos de sobra.
«Mil veces hablamos Lola y yo de ese venturoso día, y nunca pudimos darnos razón de cómo sin hablar una palabra, nos comprendimos, ni del sentimiento irresistible que en un instante unió nuestros corazones».
En el primer acto, con escenas en la capital de Puebla, ella y él están comprometidos. Lolita a los 14 años; José María a los 21. En el segundo, perdidos ambos anillos en la ola de las circunstancias, bajo el marco de una discreta casa cercana a la Rivera de San Cosme, la calle de Pino para más señas, y el colorido del Viernes de Dolores, el reencuentro tendría aroma de soneto.
Y en el tercero de tragedia.
Conminada por un viejo médico a ofrecer el último aliento de esperanza a un joven anhelante de su amor y condenado por la angina de pecho, Dolores Escalante optó por el sacrificio…durante tres años…
«Si le aconsejaba que no se casara conmigo, realmente fallaba mi propia causa, y el mundo podía creer que no había sido la razón sino el interés el fundamento de mi opinión. Y si después de casada conmigo, Lola tenía dudas sobre la justicia de su resolución; si se deslizaba en su alma la sospecha de que, yo al aconsejar y ella al obrar, habíamos cedido a la pasión más bien que al juicio, ¿cuál sería su tormento; cual su desgracia si, por colmo de males, llegaba a morir el infeliz enfermo?».
El asunto se sometería al arbitraje juicioso y sereno de los obispos Belaunzarán y Madrid, y los sacerdotes Lyen y Pinzón, quienes votarían a favor del amor.
«Por primera vez estoy enteramente tranquila, y la carta que escribe mi mamá y que Joaquín mi hermano te enseñará, te probará que es irrevocable mi resolución: sin remordimiento, no me caso. Déjame, mientras no me lo prohíbas, llamarle nuestra a tu adorable madre, y a ti mi único dueño».
Rotas las cadenas, empero, las circunstancias volverían a confabularse: «Pues bien, al entrar yo, la señora dijo a Lola: —Ya está aquí Lafragua que viene a cumplir la promesa de cerrarte los ojos. Pero los he volver a abrir, contestó ella; y, en efecto, con la mano izquierda le cerré los ojos, y ella contenta los volvió a abrir. Tan ligero así parecía el ataque, pues de otra manera no habríamos estado para chanzas. Sin mucho aumento llegamos a las doce, hora en que se desarrolló completamente el cólera…
«A poco cesó de hablar. Su última palabra fue mi nombre; tenía ya su mano derecha entre las mías para conservarle el calor, cuando de repente, sin quejarse, sin ningún motivo ostensible me dijo: “¡Mi mano Lafragua!”».
La historia quedó grabada primero en un manuscrito escrito por el propio Lafragua y por largos años inédito, bajo el título de “Ecos del Corazón”, y luego en el epitafio simple del sepulcro más célebre del Panteón de San Fernando:
“Llegaba al altar feliz esposa… / Ahí la hirió la muerte. / Aquí reposa”

paty14





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