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Política

Para dar puntos de vista sobre el acontecer político en la Comarca Lagunera y en México.

Un día de terror en el Triángulo Dorado

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Tema escrito por: luishern
Visitante distinguido

mar 19 de oct/10: 19:06
Un día de terror en el Triángulo Dorado



OTÁEZ, Dgo.- Amanece. Unos 30 hombres encapuchados y vestidos con uniforme tipo militar irrumpen en San José de la Cruz y se apoderan de esta ranchería, formada por unas 25 viviendas, con 125 habitantes. Las primeras en asomarse son las mujeres.

"¡Que salga tu marido!", exigen los intrusos mientras las encañonan con metralletas.

Conforme van apareciendo, los esposos son arrojados al piso a golpes y puestos boca abajo a empujones. Enseguida, con cinta canela les atan las manos por la espalda, cuando se escucha otro grito: "¡También esposen a los niños!".

De cada vivienda van saliendo los pequeños azorados, y la orden se cumple.

Son las 7:00 de la mañana del último día de septiembre.

A los adultos los concentran afuera del pueblo. Ahí liberan a algunos con una advertencia: "Vayan a su casa. Si salen, los matamos".

Los demás son subidos a camionetas, propiedad de los mismos pobladores, y los trasladan al monte. Luego los llevan a otra ranchería, llamada Mundo Nuevo, de apenas 30 habitantes.

Pero como en Mundo Nuevo los secuestradores no hallan hombres, amenazan a las mujeres mientras les roban lo poco que encuentran en las seis humildes viviendas.

Cuando han transcurrido siete horas, en San José de la Cruz priva la incertidumbre. Nada se sabe de las víctimas de los secuestradores. De pronto, a la distancia se oyen ráfagas de metralleta.

Para el resto de los habitantes de las dos rancherías -con cuyos testimonios se reconstruye este episodio-, numerosas detonaciones anuncian la tragedia: en un paraje caían abatidas nueve de las personas que fueron levantadas; en otro momento y en otras zonas cercanas ocurría lo mismo con cinco lugareños que los asesinos se habían encontrado a su paso.

Desde las 11 de la mañana, habitantes de San José de la Cruz pidieron auxilio al 71 Batallón de Infantería, destacamentado en Santiago Papasquiaro, a cuatro horas de la ranchería. Pero los militares no llegaron hasta las seis de la tarde. A destiempo; además de que la masacre se había consumado hacía dos horas, los atacantes habían huido en helicóptero.

Localizado al este de la entidad, Otáez limita al norte y oriente con el municipio de Santiago Papasquiaro; al sur, con San Dimas, y al poniente, con Tamazula. Esos municipios y los de Canelas, Topia, Guanaceví, Pueblo Nuevo y Tepehuanes forman la región de Las Quebradas.

Es la parte duranguense del Triángulo Dorado del narcotráfico.



La pelea



Productores de mariguana y amapola, en estos municipios de Las Quebradas mandaba sólo el Cártel de Sinaloa, pero desde hace tres años, cuando lograron penetrar los Zetas, Santiago Papasquiaro se convirtió en un campo minado. Las dos organizaciones tienen allí y en los alrededores un duelo a muerte. A diario hay ejecutados. Los secuestros, levantones, amenazas y extorsiones no paran.

A pesar del ataque a Las Cruces y Mundo Nuevo, Otáez aún se considera dominado por la gente de Joaquín Guzmán Loera.

Invadidos por las dudas y el temor que les causa hablar del tema, moradores de los dos caseríos piden el anonimato para referir los detalles del ataque. Hombres, mujeres y niños cuentan "la historia de terror" que vivieron el jueves 30 de septiembre.

"Me levanté a las 7 de la mañana. Acababa de salir el sol. Ese día me tocaba juntar la leche para hacer nuestros quesitos. Estábamos limitadas de cubetas y salí al patio de la casa por unas barricas que tenía con el suero para hacer la mantequilla. En eso, miré hacia la casa de Manuel Núñez, juez de San José de la Cruz. Mi vista se topó con los militares cuando rodeaban su casa. Fue la primera a la que llegaron", comenta un habitante.

"De momento", continúa, "no supe cuántos eran. Después me di cuenta de que eran como 30. Venían vestidos color pinto, como de monte. Traían capucha y armas largas. Rodearon la casa del juez. Se escuchó que le gritaron a la esposa: '¡Somos militares! ¡Dile a tu esposo que salga!'".

Mientras los intrusos se dispersaban por las demás viviendas, otro de los lugareños se levantó, se puso el pantalón y los zapatos y, sin camisa, llegó a la puerta.

"En cuanto lo vieron, unos lo tiraron al suelo y le pegaron con el rifle en la espalda, otro le ató las manos con cinta canela, y a mí me dijeron: '¡Tú no voltees!'. Permanecí viendo hacia un muro de la casa, pero me asusté más cuando oí que uno ordenó que también esposaran a mis hijos. A mi marido le gritaban que sacara las armas. Él decía que no tenía. Entonces se lo llevaron...", narra la viuda.

Otra de las víctimas recuerda: "Cuando llegaron a mi casa, entraron, y uno de ellos le reclamó a mi muchacho que por qué estaba escondido. Yo le respondí que no se escondía, que estábamos por irnos al corral a ordeñar las vacas. Entonces le gritó: '¡Camina!'. Y se lo llevaron... A nosotros también nos echaron pa' fuera y se metieron a esculcar".

Mientras tanto, una de las mujeres corrió a hablar por la radio ejidal, pero ya estaba cortada, lo mismo que el teléfono rural. Los encapuchados habían interrumpido todo tipo de comunicación.

Desconcertados, Juan Ángel y su hijo Martín -dos de los cinco lugareños abatidos al cruzarse con los asesinos- caminaban por la ranchería sin saber qué hacer. La gente les gritaba: "¡Recójase, Juan!", pero él respondía: "¡No, a mí no me hacen nada!". Sin embargo, los supuestos soldados también los detuvieron. Una y otra vez les exigían las armas, pero ellos siempre contestaban que no tenían, hasta que, ya cansado, don Juan les dijo que poseía un rifle .22.

Eso fue suficiente para que los maleantes descargaran las metralletas sobre ellos. Mientras sus cuerpos caían al piso, los asesinos reían y uno de ellos les gritaba: "¡Por mentirosos!". Aun cuando sus víctimas se encontraban inmóviles, los sicarios seguían disparándoles.

En otra de las casas sacaron al papá y a sus dos hijos y se los llevaron también con las manos atadas por la espalda. "Se veían muy golpeados", comentan los sobrevivientes.

Durante siete horas, los lugareños no supieron más de sus familiares.

"Teníamos la esperanza de que los soltaran como lo hicieron con los primeros", coinciden.

En casa de uno de los muchachos que liberaron, su mujer le dijo: "No puedes quedarte escondido. Ve a Mundo Nuevo y pide auxilio. Diles que se llevaron a los muchachos. Cuenta lo que nos hicieron".

De inmediato él se dirigió al monte y, por atajos, llegó a la comunidad a las 11:00 de la mañana. Al saber lo sucedido, las mujeres de Mundo Nuevo ordenaron a sus maridos que se escondieran en los cerros. Les prometieron que ellas los alcanzarían con los niños, según cuentan las jóvenes esposas.

Una de ellas, subida a un cerro para poder hablar con un celular de los de antes, que no usan chip, logró hablar a Santiago Papasquiaro con algunos familiares que viven ahí. "Les dijimos lo que estaba pasando y les pedimos que avisaran a los militares para que vinieran a auxiliarnos.

"Cuando regresamos a Mundo Nuevo", continúa, "entramos a la casa. En eso, se escuchó un ruido del motor de una camioneta. Le dije a mi mamá que era la de mi hermano. Ella dio gracias a Dios y salimos corriendo. Pero cuál fue nuestra sorpresa: eran la troca de mi hermano y otras dos más, pero las traían los hombres encapuchados. Cuando me asomé, atrás, en la caja, vi que venían mis familiares junto con los otros hombres.

"Nos pedían armas. Mi mamá sacó una .22 sin cacha que tiene mi papá. Se burlaron de ella y uno de los hombres le dijo: 'Mira, deja que venga tu marido y vas a ver quiénes somos nosotros'. Afortunadamente ya no esperaron. Robaron todo lo que quisieron de las casas y los barriles de gasolina que había en la tienda y se fueron. A mi cuñada le dijeron: 'No te preocupes, ahorita regresamos a tu marido'", cuenta.

¿Qué sucedió en las tres horas y media que transcurrieron después de que los intrusos abandonaron el poblado de San José de la Cruz?, se le pregunta a otra de las viudas.

"Un día antes fue Día de San Miguel Arcángel. Ahí (en el pueblo que lleva ese nombre) vive mi mamá y fuimos al rosario. Ahí nos quedamos a dormir. En la mañana del jueves 30 regresábamos a La Cruz, pero como 10 kilómetros antes de llegar nos interceptaron hombres armados. Bajaron a mi esposo de la camioneta, lo golpearon y le amarraron las manos por la espalda. Mis niños lloraban al ver que le pegaban a su papá, pero no les importó".



Exigen explicaciones



Cuando han transcurrido ocho horas desde que los sicarios se apoderaron del primer pueblo, en San José de la Cruz y Mundo Nuevo nada se sabe de los secuestrados, y aunque no ha llegado la ayuda solicitada al Ejército, aún tienen la esperanza de salvarlos.

Cuando los sobrevivientes de San José de la Cruz consideraron que ya había pasado todo, uno de ellos fue al lugar en que se oyeron las primeras detonaciones y encontró aún con vida a uno de los ametrallados. Regresó al pueblo en busca de ayuda, pero la única pickup que dejaron los delincuentes no funcionaba. El hombre herido murió arriba, en un paraje solitario.

Ya nadie se atrevió a salir, pues el miedo, el dolor y la desesperación los embargaban.

Los miembros del Ejército Mexicano arribaron a las 18:00 horas, siete horas después de que recibieron la primera llamada de auxilio por parte de los familiares que habitan en Nuevo Mundo.

Los cuerpos quedaron tirados hasta las 14:00 horas del viernes 1 de octubre. Luego de que el agente del Ministerio Público dio fe de los hechos, se levantaron botellas de cerveza que los maleantes dejaron tiradas por el pueblo, para analizar sus huellas digitales.

En la capital del Estado, las autoridades informaron de la masacre el sábado 2. La Procuraduría de Justicia del Estado la atribuyó a un enfrentamiento entre bandas rivales de narcotraficantes.

En San José de la Cruz, donde las viviendas de adobe y techo de lámina carecen de letrinas, así como de energía eléctrica, se indignaron al escuchar las noticias gracias a un aparato de radio que funciona con energía solar.

"¿Por qué no llegaron a auxiliarnos? ¿Por qué no dicen la verdad? ¿Qué ocultan? ¿A quién protegen?", cuestionan.

"Queremos que el Presidente Felipe Calderón escuche lo que nos pasó. Que nos ayude. Y que nos diga por qué no vinieron a ayudarnos. ¡Los maleantes escaparon en helicóptero, y el Ejército no tuvo uno para darnos auxilio!", claman

1
autor respuesta escrita por: paletero47 el mar 19 de oct, 2010 20:49
Ciudadano distinguido

@luishern que pasa en Mexico cuando va parar todo esto.?

Zisa Domnului catre ucenicii sai...Porunca noua dau voua

2
autor respuesta escrita por: cuencame el mar 19 de oct, 2010 22:42
Visitante distinguido

ahh un copy and paste del la revista Proceso


3
autor respuesta escrita por: luishern el mar 19 de oct, 2010 23:16
Visitante distinguido

@cuencame, asi es un copy and paste com se describe esto ,pero a mi me indigna como les amolaron la vida a los pobladores de Otáez Dgo.


4
autor respuesta escrita por: mixtli el mar 19 de oct, 2010 23:53
Senador

@luishern  gracias por la informacion mi carnal aunque a algunos no les guste es la situacion en que nos metieron con esta guerrita del monito frauderin......

las pulgas......solas brincan.....


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